"Hay huellas que no destruyen"
Hay personas que han dejado la vida defendiendo la vida. No es una metáfora. Este año, "El silencio de la tierra" nos recuerda a quienes se enfrentaron a intereses mucho más poderosos que ellos para proteger sus territorios, sus comunidades, sus bosques y su agua. Historias así nos vuelven a situar ante una pregunta incómoda: ¿cómo puede ser que todavía sea necesario morir para defender un río, una selva, una montaña o el derecho de una comunidad a seguir viviendo en su propia tierra? Ese es uno de los grandes abismos de nuestro tiempo. En un extremo, quienes protegen la vida. En el otro, quienes todavía consideran que cualquier territorio, especie o comunidad puede sacrificarse si al otro lado de la ecuación hay suficiente dinero. Y entre ambos extremos estamos todos nosotros.
Hace más de treinta años abrimos una ventana llamada SUNCINE. Desde entonces han pasado por nuestras pantallas miles de historias sobre bosques arrasados, océanos contaminados, especies amenazadas, comunidades desplazadas, glaciares que retroceden y fenómenos extremos que dejaron de ser excepcionales para formar parte de nuestra vida cotidiana. A veces, lo confieso, me pregunto para qué seguimos haciendo este festival. Después de tantas décadas alertando, explicando, sensibilizando y educando, hay momentos en que uno siente que vive su propio "Día de la Marmota": otra denuncia, otro incendio, otra inundación, otra promesa, otra vez empezar. Pero entonces recuerdo algo fundamental: la mayoría de las películas que he visto durante todos estos años no se quedaban en la catástrofe. Buscaban salidas, mostraban soluciones, hablaban de comunidades que recuperaban sus bosques, científicos que protegían especies, jóvenes que imaginaban otras formas de producir, consumir y convivir. Y todas, de una manera u otra, sudaban esperanza.
Por eso seguimos aquí. Porque SUNCINE nunca fue solamente un festival de cine. Es un lugar donde se encuentran personas que todavía creen que cambiar las cosas es posible, un espacio donde la cultura, la educación y el cine se convierten en herramientas de transformación. También por eso cada año, cuando aparece el cansancio y uno piensa en bajar los brazos, surge alguien que nos devuelve la energía: una maestra, un realizador, una productora, un estudiante, una voluntaria, un espectador que sale emocionado de una sala. Y entonces vuelvo a pensar lo mismo: "Sí, valió la pena. Vale la pena".
Este año, además, tenemos una casa que nos representa especialmente bien: Calafell. Una pequeña ciudad con un gran corazón que nos ha abierto sus puertas y que, junto a Barcelona y nuestra sede online: CaixaForum+ que lleva el festival a todos los rincones de España, vuelven a ayudarnos a lanzar este mensaje al mundo. Hemos elegido una palabra para definir esta edición: HUELLA. Durante mucho tiempo esa palabra estuvo asociada a algo negativo: huella ecológica, huella de carbono, la marca de aquello que destruimos. Pero también existen otras huellas: la de quien planta un árbol, la de quien salva una especie, la de quien enseña a una niña o a un niño a amar la naturaleza, la de quien hace una película capaz de cambiar la mirada de miles de personas. Sobre algunas huellas crece la destrucción. Sobre otras crecen árboles, conocimiento, cultura, solidaridad, amor y esperanza.
Esta es la huella que quiero y queremos dejar. La que durante treinta y tres ediciones han construido miles de cineastas, artistas, trabajadores, voluntarios, instituciones, escuelas y espectadores que decidieron no resignarse. No hemos ganado todas las batallas. Nos hemos cansado muchas veces. Pero aquí seguimos. Y mientras haya una pantalla que encender, una historia que contar, una injusticia que denunciar, una solución que compartir y alguien dispuesto a mirar, escuchar y actuar, aquí estaremos. Desde Calafell, desde Barcelona, desde SUNCINE, volvemos a abrir la ventana. Entren, miren, déjense emocionar, déjense incomodar, contágiense y después salgan ahí fuera y hagan algo. Grande o pequeño, no importa.
Ahora elijan ustedes. Dejen su huella.

